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Maternidad real
  • Publicado el 15 Sep 2026
  • Por Gabriela Pollock

La cara B de la maternidad: cómo transitar los miedos y el cambio de identidad.

Nuestra sociedad ha construido una narrativa profundamente idealizada sobre la maternidad. Se espera que la llegada de un hijo sea una etapa de plenitud absoluta, instinto natural y felicidad constante. Sin embargo, la realidad clínica en la consulta nos muestra algo muy distinto: el embarazo y el posparto son periodos de una vulnerabilidad psicológica inmensa, marcados a menudo por la ambivalencia, la culpa y la sensación de haber perdido el control sobre la propia vida.

Mujer con bebé en la ventana

La matrescencia y el duelo por quien eras

Al igual que la adolescencia supone una transición radical a nivel hormonal, físico y psicológico, la maternidad implica un proceso similar conocido como matrescencia. Convertirse en madre requiere integrar una nueva identidad, y esto inevitablemente conlleva un duelo por la mujer que eras antes: por tu independencia, tu tiempo, tu cuerpo y tus relaciones previas.

Sentir tristeza o añoranza por tu vida anterior no te convierte en una mala madre, ni significa que no quieras a tu bebé. Es una respuesta psíquica normal ante un cambio vital tan abrumador, aunque el entorno a menudo invalide estas emociones con mensajes de positividad forzada.

"Es necesario hablar de la 'madre suficientemente buena' y dejar atrás la fantasía patológica de la madre perfecta."
— Donald Winnicott, Pediatra y Psicoanalista

Rompiendo el mandato de la perfección

La autoexigencia y el miedo a ser juzgadas llevan a muchas mujeres a vivir su malestar emocional en silencio. Tragar con la ansiedad, el agotamiento extremo o los pensamientos intrusivos por vergüenza solo profundiza el aislamiento y dificulta la vinculación real con el bebé.

Sombras de ramas

Un espacio para validar tu experiencia

El acompañamiento psicológico perinatal ofrece un entorno clínico libre de juicios y expectativas sociales. Un lugar donde no tienes que fingir que todo es maravilloso.

Trabajar terapéuticamente esta etapa permite poner palabras a la ambivalencia, entender la función de tus miedos y reestructurar tus dinámicas relacionales y de pareja para poder sostener esta nueva realidad desde un lugar mucho más compasivo y arraigado.

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